16/6/08

El cuento de La Ratita Presumida

En un bonito pueblo había una casita que tenía fama por ser la más limpia y reluciente. En ella, vivía una simpática ratita que era muy, pero que muy presumida. Un día, mientras barría la puerta de su casa, la Ratita vio algo en el suelo:

-¡Qué suerte, si es una moneda de oro! Me compraré una cinta de seda para hacerme un lazo. Entonces se fue a la mercería del pueblo y se compró el lazo más bonito. -Tra, lará, larita, limpio mi casita, tra, lará, larita, limpio mi casita cantaba la Ratita, mientras salía a la puerta para que todos la vieran.

- Buenos días, Ratita dijo el señor Burro. Todos los días paso por aquí, pero nun-ca me había fijado en lo guapa que eres.

- Gracias, señor Burro dijo la Ratita poniendo voz muy coqueta. - Dime, Ratita, ¿te quieres casar conmigo?

- Tal vez - respondió la ratita -. Pero ¿cómo harás por las noches?

-¡Hiooo, hiooo! bufó el burro soltando su mejor rebuzno.

Y la Ratita contestó: -¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás!

Se fue el Burro bastante disgustado, cuando, al pasar, dijo el señor Perro: -¿Cómo es que hasta hoy no me había dado cuenta de que eres tan requetebonita? Dime, Ratita ¿te quieres casar conmigo?

- Tal vez, pero antes dime: ¿cómo harás por las noches?

-¡Guauuu, guauuu. -¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás! Mientras, un Ratoncito que vivía cerca de su casa y que estaba enamorado de ella veía lo que pasaba.

Se acercó y dijo: -¡Buenos días, vecina!

-¡Ah!, eres tú! dijo sin hacerle caso. -Todos los días estás preciosa, Pero hoy más.

-Muy amable, pero no puedo hablar contigo porque estoy muy ocupada.

Después de un rato pasó el señor Gato y dijo: -Buenos días, Ratita, ¿sabes que eres la joven más bonita? ¿Te quieres casar conmigo?

-Tal vez dijo la Ratita-, pero ¿cómo harás por las noches? -¡Miauuu, miauuu! contestó con un dulce maullido.

-¡Contigo me quiero casar, pues con ese maullido me acariciarás! El día antes de la boda, el señor Gato invitó a la Ratita a comer unas cuantas golosinas al campo, pero mientras preparaba el fuego la Ratita miró en la cesta para sacar la comida, y...

-¡Qué raro!, sólo hay un tenedor, un cuchillo y una servilleta; pero ¿dónde está la comida? ¡La comida eres tú! dijo el Gato, y enseñó sus colmillos. Cuando iba a comerse a la Ratita, apareció el Ratoncito, que, como no se fiaba del Gato, los había seguido hasta allí. Entonces, cogió un palo de la fogata y se lo puso en la cola para que saliera corriendo.

-Ratita, Ratita, eres la más bonita - le dijo el Ratoncito muy nervioso. ¿Te quieres casar conmigo? - Tal vez, pero ¿cómo harás por las noches? - Por las noches dijo él-, dormir y callar. - Entonces, contigo me quiero casar. Poco después se casaron y fueron muy pero que muy felices.

Y AHORA ME TOCA A MI

Lo que no cuentan en el cuento, es que al burro le dijo que no pero antes restregó todo lo que pudo su rabito delante de su hocico, y que al perro, le tuvo mareado unos meses antes de decidir que no le gustaba su forma de reirse.

Llegó el gato, y le pasó lo que tençia que pasar..... Hasta ahí todo es cierto. Pero la gran mentira es que cuando se casó con el maravilloso ratoncito, a ella no le fue suficiente, tenía aún clavado en su corazoncito al gato, y nunca pudo conseguir que su maridito cogiese el tenedor y se lo clavase en la espalda, como ella realmente quería. Cuidado, que antes de que me acusen de apología del maltrato, que quede claro que lo mío es tan metafórico como el cuento de la Ratita.

¿Y yo como estoy? Pues... arrepentida y decepcionada conmigo misma. Las buenas intenciones no sirven de nada si luego no las llevamos a la práctica. Lo mismo pasa con las disculpas. Como acabo de decirle a un íntimo amigo, a veces desearía ser un hombre para que me fuesen arrancadas de cuajo todas mis hormonas femeninas, esas que no me dejan disfrutar con consciencia de los 5 sentidos.

Esto era lo que quería cuando decidí quedarme sola? No, yo quería..... vivir, respirar hondo, escuchar músic a todo trapo y bailar a todas horas, remodelarme por dentro y por fuera, mimarme, culturizarme, aprender a valerme yo solita sin tener alguien en la misma habitación a la que poderle llorar todos los días. Comerme mis asuntos y mostrar fortaleza,ya que despues de 25 años está claro que sentirla no puedo. Poder ser de una vez por todas la que tenga el control sobre mis emociones y mis vivencias. Y por supuesto, de manera menos gritada pero puede que lo más deseado, volver a enriquecerme sexualmente.

¿Y que he conseguido? empezar la casa por el tejado, buscando lo último, y dejandome llevar por mis fantasías hasta retroceder al punto de partida. O ahora o nunca, o me hago una lobotomía o no sé....a pasado hoy con el niño de Oro, pero en una semana tranquilos que tendré otra historia nueva que contar con otro, pero no distinta a esta. Puede que con algo más de morbo y acción, pero punto.

No le encuentro explicación.

Y sí, soy una llorona, sí, me encanta lamentarme, y sí, se que os da nauseas la gente triste y que os encanta la fortaleza en una mujer (aunque digan que os gustan sumisas, por lo cojones, a esas no las admirais). Pero, por que tenemos que ser fuertes? por que tenemos que ser supermamás? por que tenemos que ser putas y divas?

Puede que nuestro mayor problema es querer ser cosas que no somos. Aprende a querer ser como eres. Y al que no le guste que no mire. Y dejará de ser el pez que se muerde la cola.

Qué bonito consejo, pero como sigo teniendo hormonas femeninas, seguiré en mis trece.

(Tú que me estas leyendo, ya te dije que te iban a decepcionar mis confesiones ;) ).

Besitos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jajaja ... no me decepcionan en absoluto. Pero, y no me malinterpretes, no son confesiones tan originales como crees. Originales en el sentido de únicas; todos hemos pasado o estamos pasando por un momento así en nuestras vidas. Creo que a eso se le llama evolucionar aunque parezca que estás involucionando ;)

;*