17/6/08
Ahora que nos encontramos, lo que no nos atrevemos a decir
Trataba de caminar más despacio, mirando nerviosamente de un lado a otro, porque sin darme cuenta había llegado a la calle en la que tú trabajas; pero las piernas, que ya estaban en total clase de fitness, no me hicieron ni puto caso.
Y entonces te vi salir no sé de donde. Estabas de espaldas, ajeno a mi mirada atenta, nuestros pasos seguía la misma marcha.
Grité tu nombre, no sé por qué, debí haber corrido al otro lado de la calle.
Tú te giraste, sonreiste de forma automática, y tu mano me hizo un stop. Caminaste al parkímetro más cercano. Supongo que querías darle tiempo a tu cabeza para ordenar la situación y estudiar el "protocolo" del qué nos tocaba decirnos.
Metiste monedas y te alcancé.
Me paré a tu altura, te dí un beso y tú me abrazaste. Y yo te abracé, como quien espera ansiadamente un salavavidas tras ser tirado de su barca por una ola.
Si Dios existe, Dios se llama Prudencia y vive alojado en nuestras gargantas. Aunque a mi muchas veces me lleven los demonios. Y como dios debe de existir, mejor te cuento lo que nos hubiesemos dicho:
Me preguntarías cómo me va la vida. Y yo te respondería que bien , que mal, que no lo sé, según el minuto. Que por eso en cierto modo me fui de tu lado. Porque igual de variable soy para tener una persona conmigo. Que bastante tengo con aguantarme a mi misma como para hacerme responsable de otra persona, y lo peor, obligar a alguien a responsabilizarse de mi.
Me preguntarías si todo es como yo esperaba. Y yo te diría que no, que la vida es mucho más sosa y peligrosa de lo que esperaba, de lo que soñaba. Que hoy me afrerré a tus brazos como a un salvavidas y que mañana buscaría un barco en el que alejarme, aunque éste tuviese un agujero en el casco y fuese inevitable su hundimiento.
No me querrías preguntar si por fin me acosté con éste, con aquél y con el de más allá, con esos que trataba de echar a patadas de nuestra cama cada noche. Y yo no te diría que no lo he hecho no por falta de ganas, sino porque al igual que la vida resultó ser irreal tal y como la soñé, mis fantasías tampoco podrían salir de mi cabeza. Sí, sigo virgen desde aquella noche de hotel en la que me devolviste mi pureza.
Y yo te querría decir, que me gusta como te has recortado la barba hoy, que me gusta tu piel limpia y aireada, que me gusta tu sonrisa (esa que se escondía tanto), que me gusta que me toques la cara tratando de aliviar el calor que sale de ella. Que te quiero, no como debí hacerlo, no como se quieren dos amantes, (pero esto no te suena a nada nuevo, sabes que tú a mi tampoco). Te quiero como el ilusionista que creó algo distinto al resto. No creaste una fantasía, creaste una realidad para mostrarsela a mis ojos. Me enseñaste el mundo y me enseñaste a mi misma. Dijiste: "Alicia, te presento a Alicia. La otra, la que también puedes ser". En tu cuento nos despertabamos, ¿lo recuerdas?. Pues bien, me despertaste, pero cuando te conocí, y ahora es cuando toca no dejarse vencer otra vez por el cansancio.
.............
Lo que te dije realmente fue que estaba muy bien, y en ese momento lo estaba, porque te vi sonreir, no me importa que tú y yo estemos hechos para seguir caminos distintos, me importa que cada uno seguirá por el suyo silvando por el breve cruce que tuvimos un año cualquiera en el siglo XXI.
16/6/08
Tan fácil como.....
Cuanta razón tienes guapa:
"En vez de lamentarte porque no echas un polvo, sería más positivo para ti alegrarte por el resto de cosas que tienes"
y entonces es cuando una piensa: Alicia, tienes 25 años. Ya es hora de que sepas que es lo que quieres, por donde buscar y por donde dejar de hacerlo.
Hasta otra bonitos
El cuento de La Ratita Presumida
En un bonito pueblo había una casita que tenía fama por ser la más limpia y reluciente. En ella, vivía una simpática ratita que era muy, pero que muy presumida. Un día, mientras barría la puerta de su casa, la Ratita vio algo en el suelo:
-¡Qué suerte, si es una moneda de oro! Me compraré una cinta de seda para hacerme un lazo. Entonces se fue a la mercería del pueblo y se compró el lazo más bonito. -Tra, lará, larita, limpio mi casita, tra, lará, larita, limpio mi casita cantaba la Ratita, mientras salía a la puerta para que todos la vieran.
- Buenos días, Ratita dijo el señor Burro. Todos los días paso por aquí, pero nun-ca me había fijado en lo guapa que eres.
- Gracias, señor Burro dijo la Ratita poniendo voz muy coqueta. - Dime, Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
- Tal vez - respondió la ratita -. Pero ¿cómo harás por las noches?
-¡Hiooo, hiooo! bufó el burro soltando su mejor rebuzno.
Y la Ratita contestó: -¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás!
Se fue el Burro bastante disgustado, cuando, al pasar, dijo el señor Perro: -¿Cómo es que hasta hoy no me había dado cuenta de que eres tan requetebonita? Dime, Ratita ¿te quieres casar conmigo?
- Tal vez, pero antes dime: ¿cómo harás por las noches?
-¡Guauuu, guauuu. -¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás! Mientras, un Ratoncito que vivía cerca de su casa y que estaba enamorado de ella veía lo que pasaba.
Se acercó y dijo: -¡Buenos días, vecina!
-¡Ah!, eres tú! dijo sin hacerle caso. -Todos los días estás preciosa, Pero hoy más.
-Muy amable, pero no puedo hablar contigo porque estoy muy ocupada.
Después de un rato pasó el señor Gato y dijo: -Buenos días, Ratita, ¿sabes que eres la joven más bonita? ¿Te quieres casar conmigo?
-Tal vez dijo la Ratita-, pero ¿cómo harás por las noches? -¡Miauuu, miauuu! contestó con un dulce maullido.
-¡Contigo me quiero casar, pues con ese maullido me acariciarás! El día antes de la boda, el señor Gato invitó a la Ratita a comer unas cuantas golosinas al campo, pero mientras preparaba el fuego la Ratita miró en la cesta para sacar la comida, y...
-¡Qué raro!, sólo hay un tenedor, un cuchillo y una servilleta; pero ¿dónde está la comida? ¡La comida eres tú! dijo el Gato, y enseñó sus colmillos. Cuando iba a comerse a la Ratita, apareció el Ratoncito, que, como no se fiaba del Gato, los había seguido hasta allí. Entonces, cogió un palo de la fogata y se lo puso en la cola para que saliera corriendo.
-Ratita, Ratita, eres la más bonita - le dijo el Ratoncito muy nervioso. ¿Te quieres casar conmigo? - Tal vez, pero ¿cómo harás por las noches? - Por las noches dijo él-, dormir y callar. - Entonces, contigo me quiero casar. Poco después se casaron y fueron muy pero que muy felices.
Y AHORA ME TOCA A MI
Lo que no cuentan en el cuento, es que al burro le dijo que no pero antes restregó todo lo que pudo su rabito delante de su hocico, y que al perro, le tuvo mareado unos meses antes de decidir que no le gustaba su forma de reirse.
Llegó el gato, y le pasó lo que tençia que pasar..... Hasta ahí todo es cierto. Pero la gran mentira es que cuando se casó con el maravilloso ratoncito, a ella no le fue suficiente, tenía aún clavado en su corazoncito al gato, y nunca pudo conseguir que su maridito cogiese el tenedor y se lo clavase en la espalda, como ella realmente quería. Cuidado, que antes de que me acusen de apología del maltrato, que quede claro que lo mío es tan metafórico como el cuento de la Ratita.
¿Y yo como estoy? Pues... arrepentida y decepcionada conmigo misma. Las buenas intenciones no sirven de nada si luego no las llevamos a la práctica. Lo mismo pasa con las disculpas. Como acabo de decirle a un íntimo amigo, a veces desearía ser un hombre para que me fuesen arrancadas de cuajo todas mis hormonas femeninas, esas que no me dejan disfrutar con consciencia de los 5 sentidos.
Esto era lo que quería cuando decidí quedarme sola? No, yo quería..... vivir, respirar hondo, escuchar músic a todo trapo y bailar a todas horas, remodelarme por dentro y por fuera, mimarme, culturizarme, aprender a valerme yo solita sin tener alguien en la misma habitación a la que poderle llorar todos los días. Comerme mis asuntos y mostrar fortaleza,ya que despues de 25 años está claro que sentirla no puedo. Poder ser de una vez por todas la que tenga el control sobre mis emociones y mis vivencias. Y por supuesto, de manera menos gritada pero puede que lo más deseado, volver a enriquecerme sexualmente.
¿Y que he conseguido? empezar la casa por el tejado, buscando lo último, y dejandome llevar por mis fantasías hasta retroceder al punto de partida. O ahora o nunca, o me hago una lobotomía o no sé....a pasado hoy con el niño de Oro, pero en una semana tranquilos que tendré otra historia nueva que contar con otro, pero no distinta a esta. Puede que con algo más de morbo y acción, pero punto.
No le encuentro explicación.
Y sí, soy una llorona, sí, me encanta lamentarme, y sí, se que os da nauseas la gente triste y que os encanta la fortaleza en una mujer (aunque digan que os gustan sumisas, por lo cojones, a esas no las admirais). Pero, por que tenemos que ser fuertes? por que tenemos que ser supermamás? por que tenemos que ser putas y divas?
Puede que nuestro mayor problema es querer ser cosas que no somos. Aprende a querer ser como eres. Y al que no le guste que no mire. Y dejará de ser el pez que se muerde la cola.
Qué bonito consejo, pero como sigo teniendo hormonas femeninas, seguiré en mis trece.
(Tú que me estas leyendo, ya te dije que te iban a decepcionar mis confesiones ;) ).
Besitos
15/6/08
Presentación. El niño de Oro
El Niño de Oro
Ayer, la cagué pero bien. La ansiedad, las drogas y las rupturas recientes no son buenas combinaciones a la hora de ampliar horizontes, y asusté a alguien que tenía posibilidades de convertirse en un compañero de risas y placer.
Tenía 11 años cuando fuí a parar a aquel sitio. Una de las múltiples reformas que sufre la legislación sobre educación fue la culpable de destrozar el poco infantilismo que desde la llegada de la televisiñón y los videojuegos nos podía quedar. Así es, que fuí a parar a aquel antro en el que se perdieron mi inocencia, mi alegría, mi confianza, mi virginidad, mis pulmones... claro que eso fue mucho despues de los 11 años....
Un día cualquiera, en segundo de la Eso, mi diario recogía la siguiente frase: "hay un niño que me gusta". No era el primero del que me enamoraba perdidamente, siempre tuve esa afición por los niños, desde parbularia. Pero esta historia fue muy curiosa. Porque duró 2 años, sin haber cruzado una misera palabra con él. él tenia un año más que yo, y para mi era un chico mayor. Cómo se distorsionan las cosas a esa edad.....
Me gustaba su piel blanca y fina, su pelo rubio cortado a tazón, su forma de correr y hacer el idiota, incluso su enorme boca perfilada con unos estrechos labios. Pero lo que más me gustaba era su forma de no-mirarme. no sé a donde miraba, sé que a mi no, pero me gustaba. Llené mi diario de fantasias, de cruces de miradas casuales que para mi sucedían en horas, de dibujos y mapas situacionales que recogían cada detalle del encuentro. Le amaba en la distancia. Que bonito es el amor de los niños.
Un día, no sé cómo, llegó a mis manos un libro de lengua suyo y de la manera que pude, arranqué una pequeña esquinita de papel de una de sus hojas para que mi diario se impregnara de su esencia.
Así pasaron 2 años, en los que Alicia, el patito feo, la niña tonta e inocente, la empollona de la clase, fue adoptando una forma un poco más femenina, se deshizo de su aparato y empezaba solo a salir a la pizarra para humedecer sus braguitas con la mirada del profesor de gramática. Pero el niño de Oro seguía en su imaginación, y seguía en los pasillos de aquel instituto.
Hasta que él repitió curso, y le sentaron detrás de mi. Recuerdo aquel día como si fuera el de hoy. estabamos en aquellas mesas altas de la clase de dibujo, y me quedé pálida cuando le vi entrar en clase. Y no sé como fue a parar a la mesa de detrás. Me armé de valor y le pregunté no sé, cualquier tontería, era la primera vez que iba a oir su voz dirigida en exclusiva para mi. El corazón se me salia del pecho, mi piel delatora empezó a llenarse de sangre revolucionada..... y su respuesta me heló. Se metió conmigo y pasó el resto de la clase ignorándome.
Ahí se rompió mi sueño. En mil pedazos. No era quien yo creía. Me pareció idiota y prepotente. Durante dos cursos más le tuve como compañero, coincidiamos solo en algunas clases, y la verdad es que ya ni me acuerdo de si nos llevabamos bien o mal, porque le aparté de mi cabeza de un manotazo. Supongo que la influencia de las putadas que me armaron el resto de los compañeros haya influido negativamente en el recuerdo que tengo de él. Luego abandonó el instituto y no supe nada más de él salvo alguna vista fugaz en alguna fiesta del pueblo.
Volvemos al año 2008. Hace apenas un mes que volví a casa de mis padres tras una ruptura dolorosa. Una relación que me enriqueció, pero que se basaba más en amistad y paternalismo que en una visión de futuro y amor. Por cosas del azar, un sábado hace hoy una semana, acabé en una de esas fiestas de patrones y santos en las que solo te reencuentras con gente de tu generación, a gusto o disgusto.
Estabamos M y yo, solas, ella borracha y ligona, yo acojonada y abrumada por los cientos de exalumnos que buscaban en mi alguna similitud con la niña del instituto. La noche se puso simpática, a pesar de perder a M entre la cerveza y los paquetes abultados. Yo me uní a un grupo de chicos con el que más o menos se puede seguir uno hablando en éste pueblo. Y a las 6 de la mañana, el reloj marcaba la hora de irse a casa si no quería que mis padres me acribillasen a interrogatorios y leidas de cartilla en los próximos meses.
Me giré para buscar entre la poca gente que quedaba a M. Y vi a un chico alto, muy alto, plantado allí en medio con la mirada perdida. Aunque su pelo seguía rubio y su piel pálida, algo me hizo gracia, y fui a por él. Me reí de su pendiente, de sus gafas, traté de someterle a las mismas burlas que desde aquella mañana en clase de dibujo fuí sometida yo. Pero tuve que parar, me sentí ridícula e infantil. Él me miraba con cara de pocos amigos, y yo saltaba de un lado a otro como un conejito con ganas de fiesta.
- Has engordado- se acercó y entre un abrazo y dos besos continuó en mi oido- pero sigues igual de plana....
Mi lado oscuro masoquista y mi atracción por las humillaciones me obligó a quedarme allí quieta y a comenzar una conversación más o menos agradable. Él tambien habia sufrido una ruptura y aquello fué dando un giro cada vez más íntimo y amigable, él ya empezaba a sonreir. Nunca habia visto, quizas, su lado más amable.
- Tienes que darme tu número de telefono- dijo él
-Vale, y así un dia quedamos a tomar un café
- Cojo yo el tuyo o coges tú el mio
- Te doy el mio- me gusta que sean ellos los que vengan a buscarme.
Para mi aquello no era más que un intercambio de teléfonos entre excompañeros que al día siguiente, pasado el efecto del alcohol, iban a borrarse de sus agendas. Y así lo estaba pensando mientras tecleaba mi número en su móvil cuando de su boca salió aquella maravillosa frase:
- ¿Sabes que me gustabas en el insituto?
Me giré y le miré, y sus ojos clavados en mí dieron un vuelco a mi corazón. ¿Qué había sido eso?¿Otra burla? ¿Por que me miraba de esa manera? ¿Qué era eso que de repente se había metido en mi cabeza?
Traté de quitarle hierro al asunto y le dije: "Fíjate, tú a mi también hasta que abriste la boca un día y me pareciste un idiota".
Nos quedamos en silencio. Recordé el atractivo de su piel blanca, el dibujo de sus labios, sus ojos pequeños y oscuros, demasiado oscuros.
-Y bueno, ahora qué hacemos...- su pregunta era incitante.
Le cogí de la mano y le llevé a toda prisa detrás del escenario. Ya en la oscuridad y con la música pachanguera haciendo ecos nos quedamos quietos sin saber muy bien que teníamos que hacer. Me apoyé contra la pared metálica de la caravana y sus labios rozaron los mios mientras su mano bajaba la cremallera de mi cazadora. Subió la intensidad del juego de nuestras lenguas y mi mano agarraba su camisa atrayendole hacia mi como si quisiera que me traspasase. Sus dedos corrieron por debajo de mi falda y bueno...
Que ni yo llevaba falda aquel día, ni me atreví a escaparme de sus ojos, ni aquello sucedió en otro plano que no fuese el de mi imaginación. Su enorme boca, que cerrada parecía de piñón, me pedía a gritos ser acariciada. Pero 5 segundos después de aquella frase me acerqué a él, le di dos besos y le dije: "Me tengo que ir".
Y me fui. Y me fui a mi casa a pesar de que mis compañeros de fiesta me pedían quedarme, pero yo tenía la cabeza en otro sitio y ésta empezaba a pedirme guerra. y ya no me valía guerra de media hora, me pedía guerra hasta las 3 de la tarde.
Esa misma noche empezaron los mensajes, las llamadas perdidas, las confesiones... durante la semana una invitación al cine derivó a un "quiero llevarte a mi casa". Y poco a poco me he ido dejando llevar. Cosa que no quiero y que no me gusta, no me gusta perder el control sobre mi misma. Él y yo no tenemos nada en común, digamos que él es un gamberrillo y yo una super cool, exagerándonos claro. Pero ahora mismo me muero de ganas de reirme, de pasarlo bien, de no tener ataduras y sobretodo, de echar un buen polvo. Llevo mucho tiempo de sequía y este chico se está metiendo dentro de mi vagina cada noche, aunque sea en sueños.
Al principio desconfié de él, como dije antes, influenciada por los malos recuerdos de una adolencencia pésima en el instituto, pero luego me abrí, y la cosa se me fue de la manos. Llevo una semana con demasiada energía dentro del cuerpo, apenas tengo hambre y tengo un nudo en el estómago de los nervios y las ganas que tengo de saber que narices está pasando.
Y ayer, el dique se rompió y metí la pata. Salí con unas amigas, él estaba en casa y aun no nos habíamos "conocido". Tres simples caladas a un cigarrillo mágico me descolocaron y al recibir una perdida suya me "declaré". Lo pongo entre comillas porque sé que todos aquellos sentimientos eran irreales. Me declaré e insistí en que saliese de la cama y se encontrase conmigo. Y no sólo me declaré sino que me revolqué en mi propia mierda y confesé estar jodida. Él, no sé por qué, no decía nada más que era imposibe que me gustase.
Y es que como comencé al inicio del relato, algo divertido, algo que te puede dar autonomía y placer a la vez, se ve afectado cuando te ves solo, y dejas de tener autonomía y placer.
Hoy traté de pedirle disculpas por lo de ayer y aún no he recibido respuesta. Me siento.... infantil y débil, mostré durante una semana una faceta y en dos horas la desconfiguré. Espero aprender con el tiempo a controlar mis falsos impulsos.
Ésta era mi presentación, así soy, todos los días, algo así como cal y arena peleandose continuamente.
Un besito