17/6/08

Ahora que nos encontramos, lo que no nos atrevemos a decir

El calor era sofocante y pegajoso. Hoy había decidido bajarme del autobus urbano una parada más alejada del centro de estudios, y cuando pensé en lo bien que les vendría a mis piernas caminar un poco antes de lucirlas éste verano, no caí en que pasaría por lo menos una hora con la cazadora puesta hasta que el chorro de sudor que corría entre mis pechos dejase de fluir. Todos sabemos que en una sala de lectura las miradas se dirigen un 50 por ciento a las páginas escritas y el otro 50 se pasean entre el compañero de en frente, los que entran, los que salen, y el libro del que tienes al lado.

Trataba de caminar más despacio, mirando nerviosamente de un lado a otro, porque sin darme cuenta había llegado a la calle en la que tú trabajas; pero las piernas, que ya estaban en total clase de fitness, no me hicieron ni puto caso.

Y entonces te vi salir no sé de donde. Estabas de espaldas, ajeno a mi mirada atenta, nuestros pasos seguía la misma marcha.

Grité tu nombre, no sé por qué, debí haber corrido al otro lado de la calle.

Tú te giraste, sonreiste de forma automática, y tu mano me hizo un stop. Caminaste al parkímetro más cercano. Supongo que querías darle tiempo a tu cabeza para ordenar la situación y estudiar el "protocolo" del qué nos tocaba decirnos.

Metiste monedas y te alcancé.

Me paré a tu altura, te dí un beso y tú me abrazaste. Y yo te abracé, como quien espera ansiadamente un salavavidas tras ser tirado de su barca por una ola.

Si Dios existe, Dios se llama Prudencia y vive alojado en nuestras gargantas. Aunque a mi muchas veces me lleven los demonios. Y como dios debe de existir, mejor te cuento lo que nos hubiesemos dicho:

Me preguntarías cómo me va la vida. Y yo te respondería que bien , que mal, que no lo sé, según el minuto. Que por eso en cierto modo me fui de tu lado. Porque igual de variable soy para tener una persona conmigo. Que bastante tengo con aguantarme a mi misma como para hacerme responsable de otra persona, y lo peor, obligar a alguien a responsabilizarse de mi.

Me preguntarías si todo es como yo esperaba. Y yo te diría que no, que la vida es mucho más sosa y peligrosa de lo que esperaba, de lo que soñaba. Que hoy me afrerré a tus brazos como a un salvavidas y que mañana buscaría un barco en el que alejarme, aunque éste tuviese un agujero en el casco y fuese inevitable su hundimiento.

No me querrías preguntar si por fin me acosté con éste, con aquél y con el de más allá, con esos que trataba de echar a patadas de nuestra cama cada noche. Y yo no te diría que no lo he hecho no por falta de ganas, sino porque al igual que la vida resultó ser irreal tal y como la soñé, mis fantasías tampoco podrían salir de mi cabeza. Sí, sigo virgen desde aquella noche de hotel en la que me devolviste mi pureza.

Y yo te querría decir, que me gusta como te has recortado la barba hoy, que me gusta tu piel limpia y aireada, que me gusta tu sonrisa (esa que se escondía tanto), que me gusta que me toques la cara tratando de aliviar el calor que sale de ella. Que te quiero, no como debí hacerlo, no como se quieren dos amantes, (pero esto no te suena a nada nuevo, sabes que tú a mi tampoco). Te quiero como el ilusionista que creó algo distinto al resto. No creaste una fantasía, creaste una realidad para mostrarsela a mis ojos. Me enseñaste el mundo y me enseñaste a mi misma. Dijiste: "Alicia, te presento a Alicia. La otra, la que también puedes ser". En tu cuento nos despertabamos, ¿lo recuerdas?. Pues bien, me despertaste, pero cuando te conocí, y ahora es cuando toca no dejarse vencer otra vez por el cansancio.








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Lo que te dije realmente fue que estaba muy bien, y en ese momento lo estaba, porque te vi sonreir, no me importa que tú y yo estemos hechos para seguir caminos distintos, me importa que cada uno seguirá por el suyo silvando por el breve cruce que tuvimos un año cualquiera en el siglo XXI.

2 comentarios:

Vanessa dijo...

¿Dejar de escribir es empezar a estar mejor? No sé si será el caso, pero quería que supieras que me ha gustado leerte,me ha gustado la calidez.

...Y que si lo usas tú, en vez de permitir que te use él a ti, no hace falta dejar de lado el sexo para centrarse. ;)

Anónimo dijo...

¿También quieres convertirte en ex-amiga? ¡lástima!

:*

P.D. rikesti